Tres historias de inicio de curso

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A continuación compartimos con todos vós a reflexión de Miguel Ángel Pereira sobre un tema que continúa a estar no centro da crise educativa: os libros de texto!

Gracias Miguel polas túas sabias palabras!

Ligazón á publicación orixinal do artigo:

Copia do texto orixinal:

Hace un par de días, un compañero de un instituto de Extremadura me hizo llegar este mensaje: “Hola, Miguel Ángel. ¿Sabes si las personas sin ingresos tienen alguna ayuda de libros de texto al margen de las becas? Te lo pregunto por el caso de un amigo que está en la siguiente situación: tiene dos niños y con la nueva normativa de becas, la ayuda no le cubre la compra de todos los libros. Su situación económica es muy complicada y no sabe dónde acudir…”

Después de consultar a varios orientadores y educadores sociales de centros de Secundaria, todos me confirmaron que, al menos en esta comunidad autónoma, no existe a día de hoy nada así y que tan solo “alguna vez, la Consejería de Educación había sacado algunas ayudas complementarias”. Algunos de los compañeros con los que consulte se ofrecieron a revisar los bancos de libros de sus centros para intentar conseguir los libros y hacer un préstamo a la familia que los necesita.

El problema, que hace inviable esta solución, es que este año, con la entrada en vigor de la Lomce, la mayoría de los libros que los niños van a utilizar son nuevos y no están, aún, en esos bancos de libros.

El mismo día que conocía la situación familiar de la que he hablado tuve dos conversaciones informales con dos compañeros docentes acerca del inicio de curso:

El primero de ellos, maestro de Primaria en Mérida había cambiado los libros de Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Lengua y Matemáticas para 2º, 4º y 6º de Primaria para adaptarse al currículo de la Lomce, que entra en vigor. En un momento de la charla, dijo algo que transcribo casi literalmente: “Qué contentos vamos a estar este año, por fin, después de mucho tiempo, tenemos libros nuevos”.

El segundo compañero con el que hablé es Jefe de Estudios en un Instituto de la provincia de Cáceres. Según me contó, los compañeros del departamento de Geografía e Historia habían decidido también poner un nuevos libros en tercero y cuarto de ESO. Al parecer, los nuevos libros, solo para una asignatura costaban, entre 30 y 35 Euros. Cuando les preguntó a los compañeros el porqué del cambio estos le dijeron: “Mira Miguel, es que en algunos mapas no estaban bien todos los nuevos países”.

Estas tres historias me hicieron pensar en el papel esencial que los libros de texto tienen aún en la educación. Gran parte de los docentes, de las familias y, por supuesto, de los responsables educativos, asumen que forman parte de la educación y no conciben el aprendizaje en un centro de Primaria o Secundaria sin un libro.


La mayoría de los profesores asumimos que una de nuestras tareas al comenzar cualquier curso es decidir qué libros van a usar nuestros alumnos. Los padres y los alumnos tienen interiorizado que sus hijos deben tener esos libros para estudiar y aprender.

Como consecuencia, las familias, si pueden, gastan en ellos una buena parte del dinero que dedican a la educación de sus hijos mientras muchos docentes hacen girar sus programaciones y actividades de aula a partir de los recursos y materiales que las editoriales ofrecen y la administración gasta cientos de millones de Euros en las Becas para la adquisición de los libros.

Esta primacía del libro es, desde mi punto de vista, un elemento que está causando graves problemas educativos, sociales y económicos e impidiendo muchos avances en educación. En primer lugar, la estructura rígida de la mayoría de estos recursos no ofrece posibilidad alguna de modificarlos para que un docente pueda usar algunas partes mejorar otras y crear recursos verdaderamente adaptados a lo que los alumnos necesitan en cada momento.

Las características de la mayor parte de los actuales libros los hace inútiles para apoyar y promover aulas distintas en las que los alumnos aprendan con diferentes metodologías: trabajando por proyectos, investigando individualmente, estudiando contenidos y, en ocasiones, siguiendo explicaciones de su maestro o profesor.

El enorme coste de los libros de texto obliga a los padres, madres y administraciones públicas a un tremendo esfuerzo económico que produce situaciones de dificultad a muchas familias y detrae cientos de millones de Euros que podrían ser gastados en fines muy diferentes.

Este caudal económico que anualmente se vierte en libros bastaría para permitir, por ejemplo: mejorar el estado material de los centros, dotarlos de equipamiento (tecnológico y de todo tipo) acorde con el siglo XXI y por supuesto incorporar nuevos docentes que pudiera, por ejemplo, atender a los alumnos con necesidades específicas (sociales y académicas).

Las familias, orientadas por los profesionales de la educación, podrían adquirir para sus hijos recursos que les serían útiles para toda su escolarización o por lo menos para toda una etapa. Por poner un ejemplo, el dinero invertido en un libro de Geografía e Historia para un solo curso serviría para que un alumno de Secundaria adquiriera un atlas geográfico de calidad que le sería útil prácticamente para toda su vida.

Frente a estas inmediatas e importantísimas ventajas de la desaparición de los libros de texto, hay una gigantesca duda que se activa en la mente de familias, docentes, de responsables administrativos e incluso en los propios alumnos. Esta duda puede formularse a partir de estas tres interrogantes: ¿Se puede aprender en escuelas e institutos sin libros? ¿Los alumnos serán capaces de estudiar así? ¿Los profesores serán capaces de mantener el control de lo que se está aprendiendo o no?

La mejor manera de responder está en los múltiples ejemplos de centros que ya en el momento actual de que la vida es posible, y mejor, sin los libros de texto. Como demuestran estas experiencias, eliminar los libros de texto es algo realizable y que está al alcance de cualquier centro educativo.

No puede tratarse de un cambio que se produzca repentinamente sino que debe establecerse un plazo razonable, que en mi opinión podría ser de entre cinco y ocho cursos académicos. Será necesario que toda la comunidad educativa reflexione previamente y adquiera conciencia de la necesidad de este cambio que requiere de un cambio de mentalidad de los docentes pero también de un buen número de padres y alumnos y por supuesto de los responsables de las administraciones educativas, que deberán además hacer frente a la enorme capacidad de presión de las editoriales de texto, agrupadas en esa entidad llamada ANELE.

En primer lugar, las administraciones educativas deben ser las que establezcan bases organizativas y materiales que permitan el establecimiento de este nuevo modelo de aulas, en las que el libro deje de ser el gran condicionante de los procesos de enseñanza aprendizaje. Esta son algunas actuaciones que, en mi opinión deberían guiar la labor de cualquier responsable, técnico o político, de educación para lograr el fin de los libros de texto:

  • La suspensión, por parte de las administraciones estatal y autonómica de la imposición de nuevos textos. Esta medida, ya en vigor en alguna comunidad autónoma, supondría la renovación solo de los libros más degradados.
  • El fomento (a través de incentivos económicos y reconocimiento para la carrera profesional y la puntuación en procesos de selección) de la creación, adaptación y aplicación en el aula de contenidos y recursos didácticos por parte de los propios docentes.
  • El desarrollo de actividades de formación en los centros educativos que permitan la creación paulatina por parte de los profesores de bancos de recursos educativos creados desde cero o adaptados a partir de otros contenidos o recursos.
  • La difusión de los contenidos y recursos ya existentes en la Red, que permiten ya que cualquier docente pueda trabajar en el aula con sus alumnos siguiendo cualquier metodología didáctica: desde la exposición de contenidos o su lectura en el aula hasta las más innovadoras como la metodología basada en proyectos o el aprendizaje cooperativo.

Los docentes, por su parte son la clave para un nuevo modelo de aulas sin libros de texto. Creo que en este caso, el principal cambio es mental y debe implicar que los profesionales de la educación incrementen su autoestima, no solo como gestores de las aulas orientadores del aprendizaje de sus alumnos sino como diseñadores de recursos educativos y propuestas didácticas.

Cualquier maestro o maestra, profesor o profesora es capaz de crear y diseñar contenidos y propuestas educativas de gran calidad, que se adapten de verdad a lo que los alumnos necesitan y pueden aprender en cada momento y que mejoran las de los actuales textos escolares. De hecho, muchos docentes crean ya actualmente sus propios contenidos educativos para el aula en los más diferentes formatos y soportes.

Es evidente que asumir el diseño o adaptación de contenidos implica durante un tiempo implica mayor carga de trabajo (para el diseño o adaptación de los contenidos) y una cierta dosis de riesgo (por la necesidad de probar en el aula nuevos recursos y propuestas didácticas). No obstante, no tendrán que partir de cero sino que serán más adaptadores de contenidos y diseñadores de propuestas de aula que creadores enfrentados al pánico de la hoja en blanco educativa.

La tercera pata de este cambio está lógicamente formada por los alumnos y sus familias. En este caso, requiere a nivel social un cambio que puede ser en algunos momentos costoso, pero que es más posible. Se trata de dejar de ver el libro como un elemento natural dentro de las aulas sin el que es inconcebible que un alumno de cualquier nivel educativo aprenda los contenidos del currículo.

Como muchos alumnos y padres están ya experimentando, estudiar sin libros no quiere decir no aprender y ni siquiera dejar actividades de aprendizaje como la memorización de contenidos o la realización de ejercicios de comprensión o problemas.

Prescindir de los libros de texto significa por el contrario utilizar otros recursos para desarrollar estas actividades de aula y enriquecer el aula con nuevas actividades en las que los alumnos investigan, analizan críticamente los textos que van a memorizar, ayudan a sus compañeros a revisar su trabajo y crean sus propios recursos de aprendizaje. Además, la participación y el conocimiento de los padres y familias en el aprendizaje de sus hijos es mucho mejor.

La producción por los estudiantes de contenidos y recursos (mapas conceptuales, textos compartidos, recursos de estudio) y la difusión de estos a través de soportes como blogs de aula o sites conlleva que los padres tengan presente, casi en tiempo real, que es lo que están haciendo en clase sus hijos: qué contenidos y competencias están aprendiendo, qué objetivos tienen para ese curso y con qué compañeros están aprendiendo.

Estos cambios administrativos, didácticos y de mentalidad están ya ocurriendo en diferentes aulas y centros educativos sin que los alumnos dejen de aprender, de tener que demostrar que han aprendido o de tener que seguir las indicaciones y evaluaciones de sus profesores.

Conclusiones muy personales

Los libros de texto no solo pueden dejar de tener un papel central en las aulas sino que además, su desaparición como referente permitirá mejorar el aprendizaje y la preparación de los alumnos, la autoestima de los docentes y la implicación y el seguimiento por parte de los padres de la educación de sus hijos.

Proponer la supresión de los libros de texto no es, por tanto, una medida utópica y que solo se puede aplicar en contextos educativos muy concretos. Por el contrario, esta desaparición tendrá que ser planteada como una consecuencia del contexto social, político y educativo actual en el que resulta anacrónico que un modelo de material educativo claramente obsoleto siga siendo el eje central de muchos procesos de enseñanza-aprendizaje.

La necesidad de nuevos modelos pedagógicos se conjuga con la asunción de que los presupuestos educativos públicos y las economías familiares no pueden continuar derrochando cientos de millones de Euros en materiales educativos rígidos, que solo permiten aprender de una manera y que no responden a las demandas, formación e intereses de alumnos y docentes del siglo XXI.

Lamentablemente, todo este artículo no aporta ninguna solución para el padre y los alumnos que dieron origen a este artículo. Por lo que sé, en su caso, de nuevo la solidaridad ciudadana ha tenido que ponerse en marcha. Ya hay varias personas que están buscando maneras de echar una mano a este padre para que sus hijos dispongan de los libros de texto. Mi esperanza es que dentro de algunos años sea imposible que suceda una situación como esta.

Referencias de las ilustraciones

School. Imagen de Elisabeth Albert en Flickr (CC BY) 
Greece Odyssey. Imagen de Administración Nacional… en Flickr (CC BY SA) 
… Alumnos de conectar igualdad…. Imagen de Elisabeth Albert en Flickr (CC BY) 
Victoria Gardens Imagen de José Kevo en Flickr (CC BY SA)  
Blogging exrcises Imagen de José Kevo en Flickr (CC BY SA)  

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